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Sueña, crea y actúa. El Modelo de Creatividad de Disney

Helena López-Casares
Por Helena López-Casares el viernes 12 de enero de 2018
Doctora en Neurociencia Cognitiva de las Organizaciones. Colaboradora habitual de Criteria

Walt Disney, el mago de la fantasía y una de las mentes más creativas del siglo XX, nació en 1901, fue el cuarto de cinco hermanos y pasó parte de su infancia en una granja con su familia. En el tiempo en el que vivieron en el campo, tanto él como su hermana menor eran demasiado pequeños todavía para ayudar en las labores típicas de una granja y pasaban la mayor parte del tiempo jugando. De esta época datan los primeros coqueteos de Disney con el dibujo y su gran afición por los trenes.

Una de las voces más reputadas del mundo de la PNL, Robert Dilts, fascinado y atraído por los logros de Walt Disney, decidió analizar su esquema mental. Para ello, estudió sus películas, sus escritos, sus documentales y se entrevistó con personas que trabajaron con él. Fruto de sus investigaciones surgió el Modelo de Creatividad de Disney.

Dilts estableció que Walt Disney se movía en tres estados distintos cuando creaba y trabajaba. A estas tres etapas las llamó el soñador, el realista y el crítico, y concluyó que cada una de ellas estaba guiada por unos patrones distintos de pensamiento.

Cuando Disney actuaba como soñador exponía y sacaba a la luz todas las ideas que le venían a la mente, sin juzgarlas, sin calificarlas en posibles e imposibles, en viables o inviables, en buenas o malas, en rentables o poco rentables, en fáciles o en difíciles . De esta manera, liberado de prejuicios, le daba salida al torrente imparable de ideas que manaba de su cabeza. En esta fase de pensamiento todo es válido. Se trata de darle unos días libres al juicio para evitar que se interponga en la libre aparición de ideas y apague la bombilla antes de que ésta se encienda.

En la fase realista es cuando el análisis hace su aparición. Ahora sí que sometemos todas las ideas a examen y nos quedamos con las que se adaptan al proyecto que estamos acometiendo o con la dirección que deseamos tomar. Sin embargo, esta fase está dotada por la amplitud de miras y bañada por la ilusión del cambio.

En la última etapa el crítico entra en escena. Esta fase se caracteriza porque todo se vuelve a cuestionar y a revisar. Se repasa de nuevo lo que creemos que es lo mejor y se vuelve la vista hacia los aspectos que no se tuvieron en cuenta para descubrir qué es lo que le falta al proyecto. Se trata de alejarse lo suficiente y de despegarse, con el fin de echar un segundo vistazo y ver aspectos nuevos que se nos podían haber pasado por alto en la segunda fase.

 

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El Modelo de Creatividad de Disney es un proceso circular y se retroalimenta constantemente. Ahí está su gracia, ya que no consiste en pasar de una etapa a otra sin más. En muchos casos, hay que volver a la etapa de soñador para rescatar algunas ideas que el realista tiró a la basura. Del mismo modo, el crítico puede descubrir puntos de mejora que quizá deban ser revisados y que abran nuevas posibilidades. Es importante señalar que el paso de un estado a otro debe realizarse de manera completa; es decir, si estamos en modo soñador no podemos descartar ideas, ni hacer comentarios negativos, ni dejarnos llevar por nuestro sistema de creencias. Si no queremos limitar o, peor aún, matar la capacidad creativa, soñemos en la fase soñadora, evaluemos en la realista y pongámonos el sombrero de la mejora en la fase crítica, pero no llevemos el traje equivocado a la fiesta a la que nos han invitado.

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