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El reto de la conciliación en tiempos de pandemia

Cristina Borrego
Por Cristina Borrego el miércoles 13 de mayo de 2020

La conciliación de la vida personal, familiar y laboral es un asunto que llevamos debatiendo desde los años 90. En un principio, poniendo el foco en las mujeres y en cómo compatibilizar sus tareas domésticas y responsabilidades familiares con su incorporación al mercado laboral; décadas más tarde, abordando la cuestión como un problema de la sociedad en su conjunto, que atañe tanto a los hombres como a las mujeres. Es entonces cuando comenzamos a escuchar la palabra mágica: corresponsabilidad.

Este año 2020 estamos viviendo un acontecimiento global del que muy poca gente imaginaba sus repercusiones. La crisis generada por la COVID-19 ha conseguido transformar nuestra forma de vida, de relacionarnos y, lo que es más importante, ha afectado a la salud y a la economía de buena parte de la población mundial. Las políticas más inmediatas tomadas por la mayoría de Gobiernos han sido las del confinamiento en nuestros hogares. Reducir los contactos entre personas conseguirá reducir los contagios; y así ha sido. 

Las consecuencias del confinamiento no están siendo únicamente sanitarias. Por un lado, las que se ven: cierre de empresas, ERTEs, crisis de la economía y un futuro incierto. Por otro, la que no se ve, porque no está suficientemente tratada en el discurso político ni mediático: la imposibilidad de compaginar lo que ya era complicado antes, trabajo y familia, vida familiar y vida laboral.

La herramienta del teletrabajo, ideal para flexibilizar y conciliar espacios y responsabilidades familiares, es hoy la solución para miles de empresas. Gracias al teletrabajo podemos seguir realizando nuestras funciones desde otro espacio distinto de la oficina, sin necesidad de exponernos al riesgo del contagio. Pero esta solución también tiene sus efectos, especialmente sobre las mujeres. Con el cierre de los centros educativos y sin otra vía de escape para poder conciliar, el teletrabajo cobra una nueva dimensión. A él se une la responsabilidad de los menores y de la casa, que recae en exclusiva sobre los progenitores y, en especial, sobre las mujeres.

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En estas semanas estamos leyendo numerosos estudios y estadísticas que corroboran esta situación. Según una encuesta del Club de Malasmadres, realizada a 12.600 mujeres, en el 13% de los hogares el reparto de tareas es aún más desigual que antes; en el 66% se ha mantenido igual. En el 97% de los casos las interrupciones de los hijos o hijas es la principal barrera que encuentran las madres a la hora de teletrabajar. Otro estudio que están elaborando tres profesoras en el Departamento de Sociología y Antropología Social de la Universitat de València incide en esta situación: “Las mujeres con menores que teletrabajan soportan la mayor parte del estrés del confinamiento”.

La corresponsabilidad con los hombres es hoy más necesaria que nunca, y el abordaje de estos asuntos desde la esfera pública debería ser imprescindible. La sociedad y las empresas tenemos un reto pendiente, y es conseguir salir de esta situación sin que la brecha de género aumente, sin dar un paso atrás en los avances que hemos logrado hasta ahora en materia de corresponsabilidad. Intentemos transformar la situación desde un lado positivo, aprendiendo nuevas maneras de conciliar, más equitativas y más justas. El teletrabajo puede ser un buen comienzo, si sabemos cómo aprovecharlo. 

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