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¿Organizaciones tóxicas o falta de confianza?

Iván García
Por Iván García el martes 24 de abril de 2018
Consultor experto en Empresa Saludable. Coach Integral de Salud. Formador experto en comunicación, motivación y liderazgo. Conferenciante.

Según la VI Encuesta Adecco sobre Felicidad en el Trabajo "6 de cada 10 personas trabajadoras prefieren mayor felicidad laboral a sueldos más altos".

Solo este dato ya merecería ser tenido en cuenta por las empresas. No voy a entrar en los beneficios que supone el clima laboral, los conocemos sobradamente, empezando por la fórmula "felicidad = productividad", pero realmente estamos hablando de compromiso, el famoso engagement.

Quizás no todo el mundo se sienta identificado con estos datos, seguro que hay quien piensa que el dinero determina la implicación y/o la satisfacción, pero eso solo son visiones cortoplacistas tanto si se hacen a nivel empresarial, como si se hacen a nivel personal.

Esa falta de amplitud de miras es una de las causas de la falta de confianza en las empresas, que se use el término organizaciones tóxicas para definir a las que transpiran aluminosis emocional interna. Aquellas que sobreviven únicamente en base a unos parámetros de productividad que el mercado se encarga de hacer más o menos duraderos.

Después de muchos años asesorando organizaciones en su proceso de transformación, uno se da cuenta que algunas veces prefieren no saber o hacer ver que no lo saben, a afrontar la realidad. Herramientas como la encuesta de clima se ven como amenazas y nunca como oportunidades, aún oigo la frase: “No hagamos una encuesta de clima, no vaya a salir algún problema”.

¿Por qué? En la mayoría de empresas se tiene claro que hay que aflorar el talento y las debilidades solo si nos permiten adelantar a nuestra competencia en el sector. Se observan grandilocuentes misiones, visiones y valores de la compañía bien visibles en redes sociales, pero desaparecidos en el día a día laboral. ¿Quién decide qué valores definen la organización? ¿Se pregunta a la plantilla?

Afortunadamente, cada vez más las organizaciones se dan cuenta que no solo hay que poner a la persona trabajadora en el centro de la misma, como indican las teorías laborales más vanguardistas; siempre ha estado ahí, aunque muchas veces no reconocida, sin ella no existe empresa. Hay que empezar a lograr que la persona trabajadora sea, viva y sienta empresa, que destile confianza y sentido de pertenencia.

Todo empieza por un compromiso firme de la dirección, por ser valientes. En procesos de Coaching Ejecutivo vemos como existen CEO  que han arriesgado en decisiones de millones de euros, que han apostado fuerte y en cambio no son capaces de gestionar el PIH (Producto Interior Humano) de sus organizaciones.

No creo que nadie quiera de entrada que sus trabajadores/as estén a disgusto, yo no me sentiría cómodo pensando que dirijo un grupo de gente que está conmigo sólo porque cree que no puede encontrar otro trabajo, o porque aquí no se esta tan mal. La felicidad no se tiene que gestionar en las organizaciones, se debe fomentar y da beneficios muy importantes y medibles.

Recuerden: "6 de cada 10 personas trabajadoras…"

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