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La mujer y la niña en la ciencia frente a los estereotipos

Georgina González
Por Georgina González el viernes 16 de febrero de 2018
Responsable del Departamento de Igualdad y Diversidad de Criteria.

El 11 de febrero se celebró por tercer año consecutivo el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, una fecha proclamada por la Asamblea General de Naciones Unidas con el objetivo de visibilizar la lucha por la igualdad de género y fomentar la vocación de las jóvenes en los sectores de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEM).

En España, la plataforma 11 de Febrero ha coordinado este 2018 cientos de actividades por toda la geografía nacional y a través de internet entre el 11 y el 15 de febrero, incluyendo charlas, exposiciones, talleres o mesas redondas, entre otras, que se realizaron en museos, centros culturales, universidades, centros de investigación, escuelas, librerías, e incluso en bares.

Esta organización está formada por mujeres y hombres que se dedican a la investigación, la docencia y la comunicación científica y busca contribuir a eliminar la brecha de género que actualmente existe en el ámbito científico.

Y es que aunque el número de mujeres con estudios universitarios no ha dejado de aumentar durante los últimos años y ya obtienen alrededor del 55% de los títulos y el 45% de los doctorados, la distribución por carreras es muy desigual.

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Para que estas cifras se equilibren es necesario hacer una importante labor educativa entre las niñas para fomentar su vocación por las ramas del conocimiento STEM, puesto que solo un 7% de las chicas de quince años quiere dedicarse a profesiones técnicas, mientras que en el caso de los chicos la cifra asciende hasta el 21%.

Parte de esta diferencia se debe a la influencia de los estereotipos sociales y a los sesgos de las personas adultas cercanas a las niñas, que tienen diferentes expectativas para las futuras profesiones según el sexo y determinan la actitud de las chicas ante estas materias.

Estos estereotipos quedaron en evidencia con un experimento realizado por un grupo investigador del Skidmore College. Para su estudio crearon dos versiones de un curriculum que solo variaban en un campo, el nombre, todo lo demás era exactamente igual: nivel de estudios, experiencia, referencias, etc. El supuesto candidato se llamaba John y la supuesta candidata se llamaba Jennifer.

Hicieron llegar un curriculum aleatorio (John o Jennifer) a un grupo de más de mil biólogos/as, químicos/as y físicos/as de diferentes instituciones para que lo valorasen y el resultado, por desgracia, no sorprende. A pesar de ser iguales, la ficticia candidata femenina era percibida como menos competente, por lo que las personas responsables tenían una menor inclinación a contratarla y recomendaban pagarle un salario menor, de una media de 4.000 dólares (un 13%) menos que al candidato masculino.

La falta de visibilidad de las mujeres en la ciencia no ayuda a que estos estereotipos cambien; pese a las notables contribuciones que han hecho a la ciencia y la tecnología, las niñas casi no tiene referentes femeninos en los que reflejarse. En los más destacados premios de ciencia, los Nobel, solo se ha reconocido la labor de 18 investigadoras desde 1901, frente a los 581 hombres galardonados. Y no será por falta la de opciones: en 2017 varias mujeres eran firmes candidatas a llevarse el premio en las quinielas previas, pero debido a la opacidad de la Real Academia de Ciencias Sueca no podemos ni siquiera saber si estaban nominadas.

Así pues, como siempre que hablamos de igualdad, la responsabilidad es de toda la sociedad. Debemos deshacernos de una vez por todas de las ideas preconcebidas que arrastramos y cultivar la vocación de las niñas por la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas, ya que de esta forma seguro que conseguimos avanzar mucho más rápido.

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