La importancia de la formación

Publicado por Sara González el jueves 2 de febrero de 2017
Tiempo de lectura aproximado: 1 minuto

Antiguamente era difícil acceder a la educación, pero poco a poco las cosas han ido mejorando y hoy día tenemos la suerte de poder formarnos desde pequeños/as.

La educación nos aporta conocimiento, pero no sólo eso. También nos permite adquirir habilidades sociales, tanto personales como profesionales, como relacionarte con el de al lado, empatizar, comprometerse, tener autocrítica, aprender a ser tolerante… Eso es el día a día.

Pero no podemos quedarnos ahí. Gustave Flaubert dijo “la vida debe ser una continua educación”. ¡Y efectivamente! Seguimos aprendiendo día a día y así mejoramos nuestra adaptación al entorno en el que nos movemos. La formación continua nos aporta un constante reciclaje para afrontar nuevos caminos y mejorarnos.

Según indica la Declaración Mundial sobre la Educación Superior en el Siglo XXI, de la UNESCO, la segunda mitad del siglo XX fue la época más espectacular de expansión de la formación superior; a escala mundial, el número de personas estudiantes matriculadas se multiplicó por más de seis entre 1960 (13 millones) y 1995 (82 millones). Y, afortunadamente, estas cifras son cada vez mayores.

“La educación superior ha dado sobradas pruebas de su viabilidad a lo largo de los siglos y de su capacidad para transformarse y propiciar el cambio y el progreso de la sociedad. Dado el alcance y el ritmo de las transformaciones, la sociedad cada vez tiende más a fundarse en el conocimiento, razón de que la educación superior y la investigación formen hoy en día parte fundamental del desarrollo cultural, socioeconómico y ecológicamente sostenible de los individuos, las comunidades y las naciones. Por consiguiente, y dado que tiene que hacer frente a imponentes desafíos, la propia educación superior ha de emprender la transformación y la renovación más radicales que jamás haya tenido por delante, de forma que la sociedad contemporánea, que en la actualidad vive una profunda crisis de valores, pueda trascender las consideraciones meramente económicas y asumir dimensiones de moralidad y espiritualidad más arraigadas.”

El hecho de estar más formados/as y capacitados/as nos permite afrontar la toma de decisiones y resolución de conflictos de forma cada vez más eficaz. Y esto es altamente valorable por las empresas. A su vez, nos hace aumentar la confianza en nosotros/as mismos/as y aumentar la autoestima, lo que mejora en nuestras relaciones interpersonales y profesionales.

Por ello, la mejora continua de nuestra formación, no sólo nos hace mejores profesionales sino mejores personas.

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