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La comunicación con impacto positivo

Ana Fernández de Vega
Por Ana Fernández de Vega el martes 16 de enero de 2018
Consultora de género y colaboradora de Criteria.

Comunicar es un proceso permanente del ser humano en el que cada quien tiene su propio estilo.

Se suele decir que hay tres grandes estilos de comunicación: el asertivo, el agresivo y el sumiso. Sabemos que la comunicación asertiva es la más eficaz porque no sólo ayuda a conseguir los objetivos de la comunicación sino que además no supone ningún coste emocional para nadie. A pesar de ello, mantenernos en la comunicación asertiva no es fácil y solemos transitar entre un estilo u otro según el tema del que se esté hablando, las personas con las que interactuamos, el contexto de la intervención o incluso el día que tengamos.

El impacto positivo en un proceso de comunicación se refiere a estas tres grandes ideas:

  1. El mensaje llega con facilidad, fluido (es decir, se entiende);
  2. La persona emisora consigue “mover” a las personas interlocutoras (es decir, aporta algo nuevo, conmueve, motiva o estimula) de tal modo que
  3. El proceso comunicativo se ve reforzado (es decir, no se estanca sino que da lugar a una posible continuidad).

Así, la noción de impacto positivo en la comunicación nos obliga a tener claros nuestros objetivos de comunicación y a ser conscientes de que, digamos lo que digamos, y cómo lo digamos, siempre hay alguien al otro lado de la comunicación. En el contexto de los debates feministas, en los que solemos expresar nuestras ideas de forma a veces convulsa, nos vendría bien darle alguna vuelta a la idea del impacto positivo si es que queremos mantener conversaciones que nos permitan avanzar, despejar dudas y mejorar nuestras organizaciones.

 

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