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El desfase de nuestros horarios con Europa

Hugo da Silva
Por Hugo da Silva el martes 21 de agosto de 2018

Cada vez que viajo por Europa tengo que acordarme de adaptar mi hora de comer y cenar para no encontrarme con que el restaurante que he elegido ya no acepta más comensales porque va a cerrar.

Para la población española es muy normal comer a las tres de la tarde o cenar a las diez de la noche, pero en el resto de nuestro continente la forma de distribuir la jornada es muy distinta, y no afecta solo a la comida: se dedica menos tiempo a desayunar/comer, se sale antes del trabajo y se va a dormir más pronto.

Esta tendencia en la distribución de los horarios se puede observar en los siguientes gráficos elaborados con datos procedentes de la Encuesta Harmonizada del Uso del Tiempo de Eurostat.

 

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Porcentaje de población que está trabajando o estudiando a lo largo del día.

En España, claramente, retrasamos la hora de la comida y la alargamos más que en otros países. Echando un ojo a los horarios de descanso también se ve un patrón claro.

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Porcentaje de población que está descansando a lo largo del día.

Nos acostamos más tarde que en otros países y, por lo tanto, nos despertamos un poco más tarde -también podemos ver que nos somos las únicas personas a las que les gusta echar la siesta, pero ese es otro tema. Al final, como consecuencia de todo, acabamos saliendo más tarde del trabajo. Vivimos un día a día con desfase respecto a otros países de Europa, lo que dificulta enormemente la conciliación de la vida laboral, familiar y personal.

Además de este desplazamiento de horarios, en España trabajamos más horas anuales que otros países de nuestro continente, como Alemania, Francia o Bélgica; sin embargo, parece que nuestra productividad es de las más bajas.

Por estos motivos, cada vez hay más iniciativas que piden modificar y racionalizar nuestros horarios. Entre las medidas que se proponen como solución a esta situación están la modificación y homogeneización del horario laboral -en aquellos puestos donde sea viable-, apostando por jornadas continuas y mayor flexibilidad; y el cambio del huso horario, para que coincida con el meridiano de Greenwich, el que nos corresponde por ubicación, el mismo que tienen Reino Unido y Portugal.

Sobre esta última medida, algunas personas argumentan que es "un disparate" y que es posible modificar los horarios sin necesidad de cambiar la hora, ya que de hecho Francia y Bélgica se encuentran en el mismo huso que España y, sin embargo, tienen unos horarios más europeos.

En cualquier caso, lo que parece evidente es que la racionalización de horarios sigue siendo un problema muy importante para una gran parte de la población trabajadora que hay que solucionar de alguna manera, no solo para mejorar la conciliación de la vida laboral, personal y familiar, también para trabajar mejor, ya que pasar más tiempo en el puesto no implica una productividad mayor.

Además, la adaptación de nuestros horarios a la tendencia europea podría traer otros beneficios asociados. Una jornada intensiva podría reducir la cantidad de desplazamientos, lo que evitaría emisiones de CO2, ahorraría costes a las personas trabajadoras y aliviaría el tráfico de las ciudades; al estar en coordinación con el resto del continente se mejoraría la fluidez en las comunicaciones entre empresas, lo que beneficiaría las relaciones comerciales; y el turismo europeo que llega a nuestro país se encontraría más a gusto, ya lo que los horarios de los servicios estarían en consonancia con sus costumbres.

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