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El descubrimiento de Alfredo

Helena López-Casares
Por Helena López-Casares el jueves 31 de mayo de 2018
Doctora en Neurociencia Cognitiva de las Organizaciones. Colaboradora habitual de Criteria

Eran las seis de la tarde cuando Alfredo llegó a la empresa en la que estaba citado para una entrevista de trabajo. Tras presentarse en recepción y dar sus datos, le invitaron a esperar al responsable de recursos humanos en una sala acristalada desde la que podía ver un amplio espacio que compartían varias personas.

Durante su espera, Alfredo comenzó a fijarse en lo que le rodeaba. La sala en la que le habían ubicado estaba coronada con una mesa de madera clara, combinada con cristal, el diseño vanguardista de los sillones metalizados no estaba en contra de la comodidad, tal como estaba comprobando, y los cuadros, de colores vivos, daban fuerza e intensidad al ambiente. Se podía decir que Alfredo estaba en una burbuja de energía.

Una vez hubo inspeccionado el interior de la sala, decidió fijar la vista en el siguiente entorno más inmediato, es decir, en el espacio de trabajo que alcanzaba su vista. Los puestos de trabajo estaban dotados de lo último en tecnología, además, la decoración y la disposición de los muebles proporcionaban al espacio una calidez agradable. Pero había algo que llamó poderosamente su atención: la expresión de la cara de las personas que estaban trabajando.

Alfredo estaba acostumbrado a vislumbrar la presión, la tensión, el agobio y las prisas, que caracterizaban a su compañía, en la cara de sus compañeros y en la suya propia. Hacía tiempo que no sonreía en su puesto de trabajo y ver aquello le atraía como un imán. Estaba en la sede de una de las compañías más importantes del sector de las telecomunicaciones, que cotizaba en bolsa y estaba en plena expansión por Asia ¡y la gente trabajaba feliz!

De pronto recordó las palabras de su jefe en la última reunión de resultados que tuvieron: «Los negocios y las risas no son buenos compañeros de viaje». ¿Qué diría su jefe si estuviera allí y viera con sus propios ojos que el trabajo se hace mejor si el clima acompaña?

La cultura que reinaba en esa organización facilitaba enormemente la comunicación, la identificaba como el nexo de unión de toda su estructura interna. Eso era lo que Alfredo estaba percibiendo. Le bastaron quince minutos para respirar esa cultura y comprender cómo el comportamiento de las personas que trabajan en una empresa está influenciado por la filosofía que gobierna. De pronto se abrió la puerta y apareció el responsable de recursos humanos. Alfredo no tenía dudas, quería el puesto y se esforzaría lo suficiente para dejar su huella personal.

Apuntes de empresa

Este tipo de compañías como la que acabo de describir conciben a la empresa como malla ágil y flexible basada en la comunicación, el diálogo continuo y el intercambio de ideas.

En algunas empresas aún existe la creencia de que la buena marcha de una compañía depende principalmente de los factores exógenos y, por consiguiente, no dedican tiempo ni esfuerzo al contrato psicológico que se contrae con cada una de las personas que entrar a formar parte de la red interna organizacional. Esto da lugar a un descuido del plano socio-integrativo, que es aquel que se refiere a aspectos tan importantes como el orgullo de pertenencia a un grupo, la participación en las decisiones o el fomento de la creatividad, cuyas repercusiones se sienten en el aumento de la innovación empresarial. En la sociedad del conocimiento se necesitan más cerebros que mano de obra. Si no creamos las condiciones más favorables para que el cerebro de las personas funcione a pleno rendimiento y conecte con sus capacidades creadoras, perderemos el tren del nuevo milenio. Por cierto, ya ha iniciado su marcha, así que si deseas alcanzarlo, ¡corre!
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