¿Una clase al revés? Flipped classroom

Publicado por Mónica Sánchez el martes 16 de agosto de 2016
Tiempo de lectura aproximado: 3 minutos

No, por muy loco que parezca que está el mundo a veces, no se trata de dar clase colgando boca abajo, aunque su nombre lo pueda sugerir. La metodología flipped classroom nace de la necesidad de dotar al alumnado de unas habilidades y competencias acordes a las demandas actuales del entorno en el que vivimos y trabajamos, lo que requiere métodos de enseñanza innovadores.

La metodología pedagógica de una flipped classroom se basa en invertir la secuencia tradicional de estudio, en darle la vuelta. Estamos acostumbrados a ir a una aula, que el profesor desarrolle la lección y luego, una vez en casa, trabajar mediante ejercicios y estudio lo explicado por el equipo docente.

En una clase invertida la secuencia es la contraria: el alumnado prepara los contenidos en su casa, preferiblemente a través de vídeos, podcasts, screencasts y otros materiales electrónicos, y una vez en la aula se trabajan esos contenidos mediante actividades que favorezcan el intercambio de ideas entre el grupo.

Una flipped classroom establece un espacio pedagógico más dinámico e interactivo.

De esta manera el aprovechamiento del tiempo es mucho mayor. En casa el alumnado puede recibir los conocimientos y repasarlos tantas veces como le sea necesario, sin sentirse frustrado y sin frenar el ritmo del resto, y las horas en clase se pueden dedicar a resolver aquellos puntos que generan mayores dudas -identificados por el profesorado gracias a los tests de comprobación y al trabajo de autoevaluación de cada estudiante- y a actividades de análisis, evaluación y resolución de problemas que favorezcan el aprendizaje funcional y la actividad mental y comunicativa con el grupo, estableciendo un espacio pedagógico más dinámico e interactivo.

Los 4 pilares del método FLIP, determinados por sus creadores, los americanos Jonathan Bergman y Aaron Sams, ambos profesores de química, son los siguientes:

  • Flexible environment (entorno flexible): el personal educativo cuenta con espacios flexibles que puede reorganizar para impartir una lección, trabajar en grupo o para el estudio independiente.
  • Learning culture (cultura de aprendizaje): el estudiantado se involucra activamente en su educación, participando y evaluando su aprendizaje de una manera significativa.
  • Intentional content (contenido dirigido): los educadores determinan qué es necesario aprender y qué material debe estudiar por sí mismo el alumnado.
  • Professional educator (educador/a profesional): el rol del profesorado en el aula se basa en seguir y apoyar al alumnado, retroalimentando y evaluando su trabajo.

Como sucede con cualquier modelo, han aparecido voces críticas que han atribuido algunos inconvenientes a esta metodología, como las diferentes limitaciones tecnológicas que pueden exisitir entre el alumnado, el exceso de tiempo que les obliga a pasar delante de una pantalla, la diferente responsabilidad personal que se puede dar en cuanto al aprendizaje y la carga de trabajo añadida para el profesorado, que necesita invertir mucho más tiempo para crear material y organizar las clases.

El método flipped classroom permite al alumnado ser mucho más consciente de su aprendizaje.

Pese a estos posibles problemas, el modelo de clase invertida permite al alumnado ser mucho más consciente de su aprendizaje y lo sitúa como elemento clave de este proceso. Además, al mismo tiempo que se desarrollan las materias específicas de cada clase, dota de otras habilidades transversales muy demandadas en nuestra sociedad, como la autonomía, el trabajo por proyectos o el trabajo en equipo.

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